domingo, 15 de abril de 2012

EL ÁNGEL DE CANDE

No me había repuesto todavía del jab de derecha en la mandíbula que me acababa de dar el destino cuando otra noticia peor me mandó a la lona: Cande había partido sin tiempo de despedirse, sin tiempo, esta vez, de repartir pasta de coco.

Yo he tratado de superar todo esto de la mejor manera que se me ocurrió: encerrándome y sin dejar que nada ni nadie me molestara. Pero hasta allá me persiguieron sus anécdotas, su carcajada, su seriedad pícara como si ella no hubiera sido la que ha contado la historia de la que todos reíamos sin parar: “Cuando José, oyó…estaba aprendiendo a manejar un carro que compró, oyó…, de pronto yo miro para la calle y veo como si fuera el carro ahí parado en el portón y salgo corriendo a abrirle y veo el carro contra la pared de mi comadre Eli, oyó…, y dije, mierda, José le tumbó la casa a mi comadre por tratar de meter el carro, si él está es aprendiendo…de pronto suelta su original carcajada y sigue: “era que esa casa la acababan de pintar del mismo color del carro, y yo no me había dado cuenta…”

Yo me he puesto una cura de burro para poder resistir tantos embates del destino: recuerdo a las personas de muy adentro del alma mía que ya se han ido como en sus mejores tiempos, sonrientes, echando cuento, saludables…

En los recientes carnavales estuve en el pueblo y siempre llegaba a la puerta de la casa de esta respetada y admirada familia pero por raros motivos me quedaba con alguno de sus hijos hablando en la puerta y no entraba a saludarla. Una mañana fui a pedirle tinto y me dice: a mí sí me habían dicho que usted estaba aquí y yo decía que no, porque si así fuera ya hubiera estado aquí. Después de perdonarme me regaló de ese tinto delicioso que sólo ella sabe hacer, y luego de disculparme, le dije que si esta vez no me iba a regalar alguna anécdota. Se quedó mirando el techo del famoso quiosco que hay en el patio de su casa y comenzó: “Este cuento me lo dijo su difunto tío Mello Delgado, oyó…, resulta que él estaba ahí sin hacer nada en la casa de su abuela Rebeca, robándole las monedas de la tienda, oyó…, y su abuela no sabía qué hacer con el Mello, cuando llega mi compadre Rosemberg Jiménez, en ese tiempo no éramos compadres, oyó…, porque él es el padrino de Édgar, oyó…, en esa época él vivía con su tía Carlina en la casa que es de la señora Delfida, la mamá de la seño Casilda, y le dijo que se lo llevara para la montaña y lo pusiera a hacer algo. A las dos de la mañana se montó su tío Mello en una mula y se fue. Cuando estaban llegando a la casa de la finca de mi compadre, comenzó mi compadre Rose a dar órdenes: fulano haz tal cosa, zutano haz tal otra, Perencejo tal cosa…y su tío Mello oyendo, oyó…, de pronto al llegar a la casa mi compadre Rosemberg se baja de la mula y se añingota detrás de un matojo y dice: ah, y tú, Mello, te pones a echar terneros, después lavas los tanques y más tarde… Y su tío Mello lo interrumpió: No joda, Rose, tú si estás jodido, te la pasas es dando órdenes, no eres capaz de disfrutar del placer de una buena cagada…”

Yo la quiero seguir recordando así, con su chispa a flor de labios, su cabello largo y negro y su pasión por los carnavales y los porros y fandangos que los bailaba como toda una maestra aunque después se quejara de que le dolieran las piernas para que el doctor Edulfo la consintiera como sólo él sabía hacerlo y todo dolor se le quitaba.

Realmente me ha aliviado el hecho de recordar todas sus anécdotas, esas que guardaba “para cuando Toty venga…”. Y así era. Algunas veces su saludo era: le voy a contar una cosita, y ella sabía que entre más viejo el cuento a mi me gustaba más

Siempre llevaré en mi corazón no sólo el aroma del café que ella me regalaba sino su valor para enfrentarse a un pueblo desconocido para ella, ya que era hija de las Sabanas de Sucre, y mucho más casarse con el Playboy de la época, que acababa de salir del ejército y se la pasaba con un llavero dándole vueltas en su índice derecho, merodeando por la casa de Celso Siado, donde ella vivía. Aunque le tocó pelearlo con Luisa Novoa y Carmen Navarro, Toty, cómo le parece… Me tenían un apodo...Recuerdo que me decían “La Zunga”… y yo le decía a una de ellas que no me acuerdo a cuál, “la espeluzcá”…

Fue una pareja que le puso el pecho a tantos sinsabores y enfrentaron valientemente las trampas del destino. Ella se fue como quería: así, de un solo cipotazo, Toty, sin darle conduermas a nadie. Yo le digo a José que cuando los dos estemos viejos y él me vaya a ayudar a pararme nos vamos los dos al suelo, y caemos Braaá…y soltaba su carcajada y me contagiaba de su alegría.

Alguna tarde pasaba por su casa y me llamó: ¿usted no ha visto al Ángel mío? Me preguntó. Yo le dije: Cande, me encontré con él en el camino del monte. No él no es, me respondió. Yo no puedo creer que usted no sepa quién es mi ángel, me dijo. Al ver mi cara de sorpresa agregó: usted está igual al chavo cuando en la clase el profesor Jirafales le pregunta cuánto es uno más uno, y el chavo se queda pensativo y dice: ¿Me puede dar más pistas?.

Desde ese día supe que la persona que es mi amigo desde antes de nacer se llama Ángel David Ruiz Aguilera, y es y será por siempre el Ángel de Cande, su hijo.

FABIO FERNANDO MEZA

martes, 27 de marzo de 2012

NIVIAM SPADAFORA, LA PROFECÍA DE DIOMEDES DÍAZ

Esa tarde las cosas eran diferentes para el muchacho de escasos 19 años que se paseaba inquieto por la orilla del pozo rodeado de árboles cómplices de la finca ‘Parlamento’, ubicada a la salida de San Sebastián, Magdalena. Estaba allí esperando a la hija de 17 años no cumplidos del dueño del predio, don Fedor Spadafora, porque ella le había confirmado a él a través de Julio Morillo, que iría a su encuentro así se estuviera acabando el mundo.

Pero esa vez no era para que ella llegara y se cogiera un moño y amarrarse el cabello cerrero y azabache con majagua de plátano mientras enfrentaba la batalla del amor con un contrincante que lo único que sabía de él era que le habían grabado una canción llamada “Cariñito de mi vida” y se la cantaba para que ella bajara sus puentes levadizos cuando estaba de mal genio. El muchacho la esperaba era para llevársela para ninguna parte, para robársela, como se decía en aquellos tiempos cuando los novios se fugaban de madrugada. Él no tenía sino sus canciones que nadie quería grabar, su talento, su sola camisa tropical de pájaros y flores, mangas largas, y una cara de palo para pedir chance en cualquier vehículo que fuera para San Sebastián. Mientras ella, hija de una familia pudiente que navegaba en la opulencia, con una belleza de miedo que paralizaba hasta el corazón de los niños, se había vuelto loca por ese ser misterioso que hablaba cantaíto, y una de las cosas que más le gustaba de su procedencia de indios guajiros era su flecha.

Pero la fuga de los novios cegados por la pasión y el deseo se truncó. Un empleado de don Fedor se dio cuenta sin querer de toda la trama que habían montado los amantes furtivos y se lo contó esa noche al patrón, quien sin dar explicaciones cogió a la hija querida y se la llevó esa misma noche para Mompox y a la mañana siguiente sin escuchar sus súplicas la embarcó en un avión para Bogotá y luego a los Estados Unidos.

Diomedes Díaz se quedó al pie de pozo esperando a Niviam Spadafora, que nunca llegó a la cita que se habían hecho desde la última vez que se encontraron en ese mismo sitio para las fiestas del 20 de enero, mientras ella lloraba lágrimas vivas por el indio, ese, carajo, como le decía su padre al pichón de compositor cuando la regañaba por sus encuentros prohibidos expresamente por él; mientras ella no veía la fecha siguiente para volver al pozo y se le hacían eternas las semanas y volvía a sosegarse cuando en las noches de mala luna escuchaba en la casa de dos pisos, en su alcoba con ventanas pintadas de color marrón una canción alegre y sentimental en una voz animada por el trago que ya le era familiar. Sí, era Diomedes anunciando su llegada a San Sebastián de la mejor manera que se le había ocurrido: cantando al pie de la ventana marroncita donde se encontraba su adorada. Al día siguiente por la tarde Niviam con cualquier pretexto se iba para ‘Parlamento’ que queda a la salida del pueblo y esperaba a que llegara su enamorado con un guayabo todavía crudo que ella le sabía quitar con sus artes de mujer propia de esa hermosa región.

Pero ese día Diomedes se cansó de esperar a alguien que ya jamás volvería a ver y se fue a ahogar sus penas como mejor pudo. En cambio Niviam nunca lo olvidó. Toda esa tierra extraña donde la había mandado su papá le hacía cerrar los ojos para volver a vivir los momentos desquiciados ya vividos con su poeta loco. En 1980 no aguantó más el sabor de cobre de las monedas de 5 pesos que le producía tantos recuerdos y volvió a su tierra con el ánimo de pelear con todo el mundo por el amor del cantante a quien no veía y de quien no sabía nada.

Pero la decepción la arropó sin misericordia porque ya el cantante se había vuelto inalcanzable y siempre estaba escoltado por mujeres y todas esas personas que ya parasitaban en él, y se empezaba a perder en el horizonte el rastro de lo que entre ellos hubo. Niviam se aferró al ya corista Julio Morillo para que le consiguiera una cita con el ya famoso cantante pero nunca recibió una respuesta. Se fue a Barranquilla a estudiar medicina y a torturarse más con la canción que ella no había escuchado por haber sido grabada cuando estaba lejos de su ‘Parlamento’ del alma y que no necesitaba saber mucho de vallenatos para saber que ella era la protagonista: Tres Canciones. Y se revolcaba de rabia y dolor cada vez que en la cantina algún borracho repetía y volvía a repetir la canción grabada por el autor de sus desvelos y dedicada a ella también, Mi Profecía.

Mientras Diomedes se volvía famoso y millonario y ya no le quedaban secuelas de sus días difíciles como cuando ella lo conoció, Niviam no hacía más que recordarlo hasta que una mañana se dio a propósito un golpe con su puño cerrado en la frente y se prometió no volver a pensar en ese guajiro con voz de chivato que le hablaba de sus sueños y le había prometido de rodillas en la orilla del pozo que se casaría con ella por encima de sus padres acaudalados, que no gustaban del borracho e irresponsable guacharaquero de cuanto conjunto iba a San Sebastián y que terminó enamorando a la joya de la familia. Don Fedor Spadafora se preguntaba qué mal había hecho para merecer semejante castigo, y para colmo, carajo, el indio sinvergüenza ese la tenía agarrada y su hija preciosa que tampoco lo soltaba, parecían suero con yuca, qué vaina.

Pero ella no se arrepintió de haber despreciado a tantos pretendientes por uno que cuando lo conoció no tenía ni bolsillos en los pantalones. Han pasado 35 años de esa historia y mi amigo y relator de esta historia -y paisano de la hoy doctora Niviam Spadafora Adeccine-, Nelson Armesto, me dice que hasta hace poco en una esquina de San Sebastián hubo una casa de dos pisos con ventanas marroncitas cuyos barrotes estaba lisos de tanta agarradera, y que incluso, dicen las malas lenguas, que el ya cantante Rafael Orozco también tocaba para dar una serenata pero ella nunca la abrió así Rafa imitara los 3 toques secos que hacía Diomedes. Al preguntarle a ella cómo lo diferenciaba ella respondía con su argumento certero de mujer enamorada: ‘es que yo conozco mi gana’o…’

FABIO FERNANDO MEZA

miércoles, 18 de enero de 2012

¿Y DIOMEDES VOLVIÓ DE NUEVO A GRABAR CON JUANCHO…DE LA ESPRIELLA?

La anunciada y quizás esperada separación de Silvestre Dangond y Juan Mario De la Espriella, tal vez tiene un protagonista que nadie se ha detenido a pensar: El Gran Martín Elías. Tengo la impresión de que Silvestre quiere atajarlo, o lo pensó hacer, sonsacándole a su acordeonero, Rolando Ochoa. Parece que nada le salió al cantante prepotente como quería y se ha quedado sin el pan y sin el queso.

Todo este espectáculo tan deprimente deja claro que el mundo del folclor vallenato gira alrededor de la hipocresía, del chisme, de la mentira y de las apariencias, por este y otros sucesos desafortunados. En este mundo nadie tiene asegurado nada y se ensañan compañeros contra compañeros, y más cuando se desmarcan del resto y comienzan a triunfar

La competencia más inmediata del Silvestre cantante no es Peter Manjarrés, ni Jorge Celedón, ni Felipe Peláez, ni el largo etcétera: es Martín Elías y Silvestre lo sabe. A lo mejor pensó que nadie podía hacerle cosquilla en mucho tiempo y se seguiría autoproclamando como el mejor. Pero llegó un muchacho lleno de más energía, de juventud y de ganas, y, sin proponérselo le está quitando el sueño a Silvestre y la atención de medios y de la gente que gusta de este folclor y que antes Silvestre degustaba sin nadie en el horizonte que lo acechara. Por supuesto que no lo reconocerá pero quien siga de cerca los intríngulis del entramado vallenato sabe que tengo razón. Martín Elías, el hijo de Diomedes, tiene todo para triunfar, hace rato dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad dentro del vallenato, y lo más interesante es que ya no necesita anunciarse como el hijo de Diomedes. Hoy tiene vuelo propio a diferencia de su hermano Rafael Santos, de quien también ha recibido ataques y ofensas cuando han coincidido en presentaciones a través de versos sueltos, pero Martín Elías ha sabido sortear todo eso y lo toma con clama.

En cuanto a Juancho de La Espriella sería bueno verlo oxigenar la agrupación de Diomedes Díaz, especialmente en el área del acordeón que tanta falta le hace. Además pertenecen a la misma disquera y ya se conocen porque hicieron una regular grabación juntos.

De esta separación quien sale perdiendo es Silvestre porque la gente sabe las cualidades y calidades humanas y profesionales de De la Espriella, y que los dos tenían una empresa que ofrecía un producto de calidad como era su canto y su melodía. Hoy los empresarios lo pensarán dos veces y quizá la gente exija a Juancho al lado de Silvestre como aquellas épocas cuando le gritaban a Beto Villa que volviera con Iván Villazón.

Al parecer, y es especulación, que Silvestre quiso ponerle un palo en la rueda del éxito de Martín Elías tratando de quedarse con su acordeonero pero le salió mal. Ahora, nadie puede decir que esa unión no se vaya a dar hoy o mañana. En el vallenato nada está escrito. O mejor hay algo escrito: el mundo del vallenato es una farsa.

A medida que pasa el tiempo se nota que en ese mundo nadie es amigo de nadie así los vea uno abrazados en la tarima, todos desconfían de todos y la competencia es feroz y a veces poco ética y falta información veraz y abunda la charlatanería y la falsedad.

No extrañaría que Martín Elías cada día se posesione más como el cantante joven que todos los empresarios quieren tener en sus espectáculos como lo ha sido Silvestre. Pero aquél no necesitó para llegar a la cima echarles encima a sus seguidores a otros cantantes ni vivir creando polémicas para que la gente se fijara en él como lo hizo en sus comienzos. Tan meritorio es el triunfo que está cosechando Martín Elías que cuando le planteó al papá que lo ayudara a grabar su primer disco, el cantante ofuscado le dijo que no, que estaba financiando el de su niño consentido pero siguió adelante con la plata que le prestó la mamá de Harold Zabaleta.
Cuando uno se sumerge en el mar turbulento del vallenato y escucha y ve tantas cosas feas y sucias dan ganas de vomitar y el común denominador de todo eso es el afán desmedido por fama, dinero y reconocimiento continuo, y el folclor en sí parece que ya no importa, siendo que es el vehículo en el que se han montado y lo han desdibujado para que les provea todo eso, desafortunadamente.

FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com

lunes, 17 de octubre de 2011

UNA CUCHARADITA DE AZÚCAR PARA SAN FERNANDO, MAGDALENA…

En San Fernando, Magdalena, la mayoría de sus habitantes, hoy, tienen una manera diferente de pensar. Pero parece que es para mal. Da la sensación de que se ha recrudecido la envidia, el rencor, el chisme, el odio y hasta la venganza.

En mi niñez y en mi adolescencia, gracias a Dios, alcancé todavía a respirar amor, cariño, comprensión, respeto, solidaridad, y hasta una sonrisa o una carcajada por culpa de un cuento, de un chiste, en esta comunidad. Y se sentía todo eso en el ambiente de sus calles llenas de arenas, en cada esquina, en cada callejón, en la simple presencia de su gente, en el follaje de los almendros y de los naranjuelos. Se sentía en esos tiempos no tan lejanos una atmosfera de tranquilidad espiritual donde la gente se hablaba con la gente, donde el liberal sólo era liberal el día de las elecciones, al igual que el militante del partido conservador. El lunes siguiente todo se había superado y no había discordias respetando el resultado electoral cualquiera fuera.

San Fernando era el pueblo más admirado en toda esta vasta región, no solo por la belleza de su paisaje natural si no por el don de sus gentes, el producto de sus sembrados y la amabilidad de sus habitantes. Todo eso cambió y nadie sabe desde cuándo.

Nos hemos vuelto egoístas, perezosos, viciosos, hipócritas y muchas veces, algunas personas acuden al oscuro arte de la brujería o de la hechicería para supuestamente hacer algún daño a alguien que quiera triunfar en algún campo o simplemente porque le da la gana de hacerle daño

Hoy se nota en el rostro de nuestros padres y abuelos una tristeza mal disimulada por el rumbo que ha tomado el pueblo que ellos llevaron a la cumbre del progreso con tanto esfuerzo y solidaridad. Hoy Nadie respeta a nadie, y nadie es capaz de protestar por situaciones que antes no se veían ni en broma y que hoy son ya habituales. Hoy todos volteamos la cara porque nos hemos vuelto insensibles ante el dolor o la necesidad ajena.

En mi niñez y adolescencia todo San Fernando desayunaba, almorzaba y cenaba. Todos nos divertíamos a nuestra manera y con nuestros medios, había respeto en general y la gente madrugaba a trabajar en sus cultivos y contrataban a mucha gente para el mantenimiento de sus fincas. Los paisanos de entonces salían a aventurar para otras partes muchas veces para cambiar de ambiente y no porque en el pueblo no hubiera nada qué hacer.

San Fernando está agonizando. No sólo materialmente sino espiritualmente. Antes el Gobierno no daba nada y todo San Fernando vivía feliz. Hoy que quizá el Estado provee algunas cosas para aliviar ciertos problemas nadie quiere hacer nada.
Hace poco tuve el honor de conversar con el doctor Bashir Yacub y me decía que ya ni los jóvenes se preocupan por el deporte ni la parte cultural. Y se nota con preocupación la falta de compromiso de la Institución educativa en estos temas. Antes en el colegio hacíamos centros literarios cada viernes, había semana deportiva, semana cultural. Y no había ni los medios ni los recursos que hoy hay. Y recuerdo muy bien que a las 7 de la mañana hacíamos una fila por curso en la escuela primaria, rezábamos y cantábamos y todos los días del mes de mayo llevábamos flores a la virgen y se hacían novenas.

Parece que todo eso se fue con la Seño Osiris, la Seño Gloria, La Seño Bertilda y la Seño Enilda. Qué tristeza.

Sí, qué tristeza ver a este pueblo tan aislado entre sus mismos habitantes y la mayoría de las inquinas es por culpa de la mala política, de la corrupción y del manoseo de ciertas personas que se autodenominan líderes.

Antes no teníamos tanto como ahora y parece que vivíamos mejor. Todos éramos amigos de todos, y todos nos colaborábamos para cualquier acción común. Hoy este no se habla con aquel y aquel no se habla con el otro.

El médico Édgar Ruiz me preguntaba si en las noches actuales de San Fernando he visto a los muchachos jugar la lleva o cacho escondido o algunos de esos juegos populares que muchos disfrutamos. Le tuve que responder con tristeza que no. Los muchachos del San Fernando de hoy reparten su tiempo libre entre las esquinas, la televisión y el internet. Esto no es malo ni mucho menos pero parece que se ha vuelto una adicción.

Hay que rescatar todos esos valores, costumbres y calidad de vida que se los ha llevado la corriente para la cieneguita, como dice mi amigo David Ruiz Aguilera; hay que volver a pensar positivo como nuestros ancestros, hay que dejar de lado el egoísmo, actitud que siempre caracterizó a generaciones pasadas y cuyas obras aún persisten. Tenemos que volver a ser amigos, a ser gente, a mirar a lo lejos y sacudirnos de tanta mala fe para que San Fernando vuelva al menos a sonreír y no lo sigamos añorando por lo que fue sino que lo queramos por lo que es. Todo esto lo lograremos si cambiamos nuestra actitud, nuestra forma de pensar, si le ponemos una cucharadita de azúcar a este café amargo a que hoy sabe este pueblo donde tuvimos la dicha de nacer

FABIO FERNANDO MEZA

domingo, 9 de octubre de 2011

QUÉ FALTA DE RESPETO LA DE ‘LOS BETOS’ CON SUS FANÁTICOS

La mayoría de los divorcios o matrimonios en entre los artistas de la música vallenata, dicen, se hacen en la actualidad por conveniencias económicas y no porque se busque calidad interpretativa. Hay un rumor no confirmado por ahí de que los Betos, Villa y Zabaleta, se han vuelto a separar y cada uno anda por su lado.

Hace un año, o más, yo aplaudía esta unión que hacían de nuevo estos grandes artistas con una trayectoria de éxitos. Incluso, les dediqué una nota titulada “EL REQUETERRÉ DE LOS BETOS ES PA’ TODA LA VIDA”, -publicada por el peiodico El Informador de Santa Marta en mi columna dominical Carcaj, y hasta Taryn Escalona le dio cabida en su www.elpaisvallenato.com- donde expresaba la alegría de sus fanáticos de que volvieran a estar juntos, y les solicitaba que fuera para siempre…

Hoy, si es cierto el rumor, están en desbandada. Lo extraño es que en este mundo lleno de medios que informan al segundo, la organización musical no haya emitido algún comunicado tratando de explicarle a sus seguidores cuál es la verdad sobre este supuesto rompimiento.

No es la primera vez que los Betos pelean y tampoco es la primera que se reconcilian. Pero ya está bueno. “Si van a estar colgando mejor es que se caigan”.

Esa mamadera de gallo, si es estrategia publicitaria les quedó mal mis respetados amigos. Además, Los Betos no necesitan de esa vaina. Tienen trayectoria.

Y es que no le estamos pidiendo el favor de que nos expliquen y aclaren los rumores sobre este enésimo rompimiento. Estamos exigiendo que respeten a los seguidores de sus canciones y digan de una vez por todas si están juntos o se van a separar para siempre y si es así que sea para siempre para que sea un solo dolor.

Cosa distinta sería una ruptura musical por problemas de causa mayor de alguno de los dos que les impida seguir en el arte musical. Y uno lo aceptaría complacido. Yo, al menos, lo tengo bien claro: “Los Betos sin Los Betos no son los Betos”.

Cuando se han separado cada uno de ellos hacen cositas por ahí pero no es lo mismo. Ellos deben saberlo y si no lo sabían ya se los estoy diciendo.

Ojalá, si es cierto que están distanciados, cada uno ponga algo de su parte, dobleguen el orgullo y bajen la cabeza por el bien de ellos y el regocijo de sus seguidores.

Ahora, yo no sé si fue por falta de publicidad o de otra estrategia, pero el CD que grabaron al volverse a unir el año anterior es apenas regular, la ventaja de Los Betos es que sus fieles seguidores le perdonan las ‘metidas de pata’ y esperan que el próximo sea mejor, dignos de grandes estrellas vallenatas como lo son ellos.

Otra cosa sería que a esta agrupación musical les importe un carajo lo que sientan sus admiradores de siempre y hagan y deshagan los que les convenga sin pensar en el impacto negativo que generen sus decisiones.

Si tuvieron pantalones para separarse e irrespetar a sus miles de seguidores ojalá los tengan para seguir así, distanciados, y no vengan dentro de 3 meses con su cuento triste anunciando una nueva unión, porque si esto ocurre, por mí, pueden irse al carajo por mucho que siga sus interpretaciones y así me duela. Porque ya está bueno tanta falta de respeto. Y ténganlo por seguro, señores de Los Betos, que no soy el único de sus seguidores que está ofendido con esa actitud. Que les aproveche.

FABIO FERNANDO MEZA

jueves, 29 de septiembre de 2011

LA MINISTRA DE EDUCACIÓN DESCUBRIÓ QUE EN LA COSTA CARIBE ‘LA O ES REDONDA…’

Hace poco estuvo de visita la Ministra de Educación por estas tierras. A lo mejor como no tenía nada que traernos lo único que se le ocurrió decir fue algo que sabemos de sobra quienes estamos preocupados por la pésima educación que se imparte en la Costa, y quienes por este medio lo hemos denunciado más de una vez, particularmente en el departamento del Magdalena: que la educación que se imparte es mediocre.

Esta triste situación se viene presentando desde los tiempos de ‘upa’ y nadie coge ‘ese trompo en la uña’. Somos el ‘hazmereir’ de las otras regiones del país que sí invierten en lo más preciado para ellos como lo es el derecho a una educación acorde a los tiempos actuales. Y lo más satisfactorio para estas regiones que sí le invierten a la educación es que están viendo los resultados en su comunidad educativa que acapara los primeros lugares en cuantas pruebas le hagan. 15 ó 20 años atrás los maestros iban a las aulas de clases muriéndose de hambre y los alumnos le daban una empanada para que no les diera un patatús, y ellos a cambio nos daban lo mejor que tenían guardados en su mente y en su corazón. Hoy su situación laboral, económica, y social les ha mejorado en un 1000%. Ya no pasan hambre.

Pero se han olvidado de lo que es su razón de ser: seguir regalando educación con calidad. Es una paradoja pero así es. Lamentablemente los maestros legendarios que todavía siguen clamando en el desierto sus excelentes formaciones a los discípulos son una inmensa minoría que “no hacen verano”. Hoy parece que a la mayoría de los actuales maestros, principalmente en el Departamento del Magdalena, les importara un carajo si la institución donde laboran presenta el índice más bajo en cuanto a calidad educativa. Ellos dirán que mientras vayan al cajero todos los 28 de cada mes y éste les dé plata, lo otro puede esperar. No, señores profesores, ya sacar a la educación de la modorra en que se encuentra no da espera. Tienen que poner algo de su parte. Aparte de que la mayoría de instituciones educativas se están cayendo o están sostenidas apenas en pie por obra y gracia del Espíritu Santo, los estudiantes salen del colegio con menos enseñanzas de la que tenían cuando entraron y eso sin ahondar en los valores éticos y morales que cada día tiende a cero en la mayoría de los estudiantes

Y eso que en las paredes de las mansiones de los profes no cabe un diploma más certificando que saben hasta ‘arrollar un pescado, coser un pantalón y fritar unas tajadas’ y son expertos en los misterios de esta vida y de la otra. Pero cuando se espera que ellos transmitan toda esa sabiduría a sus discípulos como que les da pereza o se les olvida. Todas esas licenciaturas y especializaciones que dicen tener y certificar parece que sólo es importante para subir grados en el escalafón cuando debería ser para mejorar la calidad educativa de sus alumnos. La educación en el Magdalena, señores profesores, camina como el Santo Sepulcro en la procesión de la Semana Santa en Mompós: un paso para adelante y dos para atrás…

Y la Señora Ministra viene por este rincón y descubre lo que es un secreto a voces: la calidad educativa es un desastre en la costa. Descubrió que ‘la O es redonda’. Debería darle pena a esta funcionaria tener que reconocer esta situación. Y ya que la sabe, Ministra, ¿no piensa hacer nada?

Yo creo que la Secretaría de Educación del Magdalena no sabe cuántos profesores tiene, o en cuáles áreas están especializados, ni cuantos les falta para cubrir muchas vacantes o si tiene demasiados. Ese ente no sabe nada de nada y en cuanto a eficacia y eficiencia está peor que la educación que debe brindar y vigilar.
Compromiso. Eso es lo que falta desde las dependencias que regulan a la educación, incluyendo las famosas direcciones de Núcleo y las rectorías de los respectivos centros educativos hasta los profesores. Pero como en este gremio todos hacen lo que les da la gana, y nadie exige resultados ni pone fechas, ni hay un proyecto serio en cuanto a metas y resultados y el Sindicato pasa de agache, la situación va a empeorar.

La señora Ministra vino, prendió las alarmas y se devolvió y punto. ¿Y dónde están las soluciones? ¿Cuáles son las contingencias, Señora Ministra, para sacar de la mediocridad a la educación de la Costa Caribe y del Departamento del Magdalena en particular? Si va a esperar que sean los mismos funcionarios de la Secretaría quienes le presenten las posibles soluciones se va a quedar esperando y puede quedarse así toda la vida. Ellos lo que le pueden sugerir con su cara de palo es que contrate a las ong’s que no saben un carajo de las necesidades educativas de la región pero son un fuerte fortín para pagar favores políticos y exprimen al pobre maestro que caiga en sus garras y sale peor el remedio que la enfermedad. Solo acá se ve semejante disparate como lo es que el Estado delega a las Ong’s responsabilidades tan delicadas que debe asumir directamente él. ¡Que porquería!. Y me imagino que todo seguirá igual y si cambia en algo será para empeorar. Mientras tanto, sigamos siendo la cenicienta de la educación en el país y que todos los funcionarios responsables en la Secretaría de Educación sigan evadiendo su responsabilidad y dejando como siempre todo para el día domingo, porque a nadie le importa, ¿Cierto, señor Gobernador del Magdalena?

FABIO FERNANDO MEZA

sábado, 10 de septiembre de 2011

UN SENCILLO HOMENAJE CON TODA EL ALMA

Yo no sé cuándo fue. No lo quiero saber. Pero un día leí algo en Soy Sanfernadero algo que me dejó petrificado, sembrado en la silla y que no he podido asimilar, ahí había escrito alguien una noticia que nunca hubiera querido leer: mi profe de quinto de primaria se había ido a dormir el sueño de los que esperan despertar en lo eterno.
Nadie ha podido develar ese extraño misterio del por qué las personas que uno más quiere se nos van y muchas veces no alcanzan siquiera a despedirse y uno queda con una sensación de vacío que nadie ni nada llena.

Yo no sé por qué su familia siempre le dijo Tía Tere. Aunque eso en San Fernando es normal que a todos en nuestro seno familiar nos llamen con un apodo u otro nombre diferente del real o que nos lo regalan y lo traemos enredados en nuestro cordón umbilical. Para mí siempre fue, es y será la Seño Lidia, la profesora que en esas épocas de sueños sin realizar de los estudiantes de quinto se vestía de una manera vanguardista. Siempre estaba a la moda. Y lo más impresionante es que todo lo que ponía le quedaba bien. Yo dentro de las tantas cosas que admiro de ella está su estilo y acierto para vestirse y sacaba a relucir su casta y su estirpe cuando se desplazaba todos los días desde su residencia - ubicada diagonal a la casa de mi abuela Rebeca hasta el colegio de varones que en esa época quedaba en el extremo norte del pueblo que la vio nacer-, por la calle del medio llena de arena y recuerdos paseando su eterna elegancia y su belleza, y más hacía notar los atributos que Dios le dio y lo hacía a propósito cuando comenzaba a caminar todos los días a las 7 de la mañana pero especialmente desde la casa de don Pedro Mejía hasta la de don Jaime Aragón sin importar las consecuencias de su acto rebelde ni qué carajos. Sólo ella sabía el por qué.

La conocí siendo Rectora de la Escuela de Varones y admiraba su capacidad para escribir con la mano izquierda, yo siempre le preguntaba si no se sentía incómoda ‘escribiendo al revés’, y ella me respondía con una carcajada sonora que a veces la hacían llorar y luego me decía que le saludara a mi abuela Rita. En alguno de aquellos sabrosos recreos cuando todos teníamos algo para comer o comprar me dijo algo que hoy recuerdo con tristeza: “algunas mujeres zurdas de mi estirpe árabe somos muy inteligentes pero se van pronto de la vida…”

Había que ver cómo brillaban sus ojos todos los jueves por la tarde cuando se escuchaba por todo el pueblo una sirena encantada desde la última vuelta del río, que para nosotros sólo era un sonido más, pero para ella era un mensaje cifrado que le decía cosas hermosas y se reflejaba en su rostro que se tornaba más bello de lo que ya era.

Yo tengo un defecto: a las personas importantes de mi vida que ya se han ido siempre las recuerdo en sus momentos felices y con la mejor sonrisa y no como estaban al momento de su partida.

Algunas veces al salir de clases al medio día, la Seño Lidia me esperaba y nos veníamos caminando por la calle tercera de norte a sur y me daba ‘un ladito’ en su infaltable paraguas inmenso y lleno de colores, y volvía a pasear su belleza y su personalidad arrolladora bajo ese sol inmisericorde del San Fernando pujante de aquellos días sabrosos. Era entonces cuando ella me repetía lo que me repetía y volvía a repetir cuando caminábamos juntos: que para ella el nombre más lindo de las aves que surcaban el cielo y los montes de aquel pueblo con cosas sin amansar y silvestres todavía, era el de la Oropéndola y me la mostraba con el dedo. Yo le respondía que ese nombre era extraño y difícil de pronunciar y ella volvía a soltar su carcajada.

Pero también debo confesar que cuando nos dejaba tareas a los alumnos de quinto ella misma me las hacía sobre todo los mapas de Colombia y de Iberoamérica porque tenía un talento impresionante para dibujar.

Años de años pasaron por su vida y por la mía y todo en el pueblo cambió. Un día renunció a la dirección del colegio y se fue en busca de un mejor porvenir para ella y para el fruto de una pasión y un amor imposible que pocos fuimos los que comprendimos respetamos y apoyamos. Yo tenía la esperanza que así como había vencido tantos obstáculos hasta en su discreta vida sentimental vencería esa extraña patología que la molestaba en su existir. Pero esta vez fue ella la que sucumbió y cerró para siempre sus ojos de color miel y condescendientes con los que también sonreía.

Se fue la Seño Lidia y con ella muchos de mis recuerdos de estudiante de primaria incluyendo mi extrañeza de que no tuviera nunca una vara de matarratón en sus manos, ni siquiera para amenazarnos como era natural en aquellos tiempos entre las profesoras. Fue un faro para su millón de sobrinos y una mujer digna de emular en todos los sentidos. Seño Lidia, para mí siempre será lunes y siempre que cierre los ojos deseo que el recuerdo suyo que me invada sea el de verla caminando engreída, segura, sonriente y desafiante en su paso para el colegio entre la casa de don Pedro y don Jaime, principalmente.

FABIO FERNANDO MEZA