Soy Roberto Calderón, dijo el muchacho casi gritando para que su ídolo, el maestro del acordeón, Alejo Durán, lo escuchara. EL tumulto no dejaba. Todos querían estrechar la mano del legendario acordeonero y Roberto no era la excepción.
Gritando y abriéndose a codazos espacio logró que el Rey Vallenato se fijara en él. ¡Soy Roberto Calderón, maestro!, volvió a gritar. Alejo lo buscó en su memoria donde guardaba a su millón de amigos y conocidos pero ya las goteras del olvido comenzaban a pedirle cuentas. No lo encontró. Roberto Calderón no se dio por vencido: “Soy Roberto…y en un momento de desespero apeló a su último recurso. Soy el compositor de El Romancero, la canción que canta Diomedes…”
Alejo no sólo le paró bolas esa noche de versos y acordeones en Barranquilla sino que para sorpresa del entonces estudiante de arquitectura, comenzó a cantar la canción que para 1981 se escuchaba por todo los rincones. Terminaron cantándola juntos y desde entonces y para siempre fueron grandes amigos. Ajá, Robe, le dijo Durán, ¿y cómo es que te llamas?
El emocionado compositor tomo aire y lo soltó junto a su identidad sin tiempo de corregir:
Roberto Alfonso Calderón Cujía, nacido un 26 de mayo de 1957 en San Juan del Cesar, Guajira.
Durán lo abrazó diciéndole: olvidaste decir compositor de “experiencia”, mi primera canción y grabada por Adalberto Ariño y Oscar Negrete en 1976, carajo!
A Roberto en su génesis como cantautor le pasaron vainas raras: en San Juan cuando se acercaba a algún grupo que estaba cantando, el grupo se disolvía y lo dejaban ahí, parado, y desconcertado con la actitud de sus paisanos.
Fue su hermano Beto quién confió en su talento y se lo acompañaba con la guitarra comunitaria que había en San Juan. Fue así como cuando Emilio Oviedo andaba a la caza de una canción para llevarla a Medellín y grabarla con Beto Zabaleta, fue a San Juan y se encontró en el quiosco de Joseíto con el muchacho que componía con el alma en la mano. Le cantó “Recordaciones” y Oviedo se quedó con la boca abierta haciéndole prometer al compositor que no se la daría a nadie más. Fue un éxito y título del larga duración en 1977.
Pero a Roberto le importaba un carajo en esa época de adolescencia que los campesinos de su pueblo le echaran la culpa del crudo verano que se vivió. Él se disculpaba pero eso no bastaba: “Me perdonan que a mí me guste el verano, pero un hombre enamorado piensa sólo en su morena”.
Era el tiempo loco cuando las niñas de San Juan salían a darse un baño en el río y él a una en especial le cazaba el tiro y poco a poco se fueron encariñando…
En 1978 participa en el festival de compositores de San Juan con su tema “Luna Sanjuanera”. Hasta hoy nadie se explica por qué fue relegada al segundo lugar cuando actualmente es el himno del pueblo. Los organizadores del evento sintieron que estaban en deuda con el compositor emergente y en 1980 lo premiaron merecidamente por su canción “Gitana” que después sería grabada por Beto Zabaleta.
Hay algo curioso en la manera como Roberto bautiza sus composiciones y es que le gusta que el nombre de su canción sea escogido para darle también nombre a la grabación del conjunto que la interprete. La mayoría de las veces lo ha logrado. En otras ocasiones a Poncho no le dio la gana de bautizar su grabación con Beto Villa “El último romántico”; a Diomedes tampoco con “Harán historia” ni al Binomio con “Añoranzas” ni a Beto con “Tarde a Tarde” o “Cuál de los Dos” o “Bendita Suerte”. Pero la mayoría de sus temas titulan también al álbum del cantante
Roberto Calderón es un referente en la música vallenata. Labró su estilo y en la década de los 80’ no había cantante que en su grabación no trajera una canción del compositor sanjuanero.
Actualmente canta él mismo sus temas. Así le va mejor. El hecho de que ya no venga en los CD actuales, no significa que se le haya secado su manantial poético. Hoy es muy solicitado para amenizar reuniones y la gente es la que termina cantando sus canciones inmortales.
Todavía nadie se explica por qué la canción “el corazón del Valle” no ganó el galardón en el Festival Vallenato y fue mandada sin misericordia al segundo lugar siendo después un éxito en la voz de Jorge Oñate.
Roberto Calderón disfruta actualmente del reconocimiento de sus seguidores, de sus colegas en su oficio y en su arte y de mucha gente que a cada rato le damos las gracias porque por culpa de alguna de sus canciones nos reconciliamos con nuestra novia.
Pero todavía se da una escapadita a su finca en Galapa para saborear el olor de la mañana y mezclarlo con suero y ñame y recordar aquellos tiempos cuando la más bonita del barrio pasaba y un piropo entonces él le lanzaba y acudían a la cita y él se ponía su mejor camisa…
Manuel, Roberto Calderón ya no tiene necesidad de pedirle a Carlos Gámez que le dé un consejo en cuestiones de mujeres pero siempre reconocerá que “Beto, su hermano, está mejor y lo más importante: ya puede cantar”
FABIO FERNANDO MEZA
En este Blog encontrarán columnas de opinión sobre la actualidad del Corregimiento de San Fernando y el municipio de Santa Ana, Magdalena; Sobre el Departamento del Magdalena y la actualidad nacional. También encontrarán crónicas sobre la música vallenata, su historia y sus protagonistas. Además, mis relatos cortos que han sido premiados a nivel nacional e internacional
jueves, 27 de mayo de 2010
lunes, 24 de mayo de 2010
BUENOS DÍAS, DON MIGUEL
A aquel ser maravilloso que conociera un día. O mejor: que se dejó conocer. A pesar que siempre he estado rodeado de él no le había dado la importancia que merece hasta que realmente lo conocí. Hoy deseo darle las gracias.
Parece mentira que ignoraba todo de él que tuve que preguntarle quién era. Me imagino que él fue el primero en extrañarse si nos tropezamos por ahí a cada rato.
Me respondió con frases cargadas de adivinanzas, poesía, de metáforas, de paradojas e hipérboles todas hermosas. Hoy siento que lo quiero, lo admiro y lo respeto más:
“Si alguien como tú va donde estoy le brindo cariño, de mi mejor comida y agua del mejor manantial. De la orilla del camino a mi morada hay un sendero sembrado de esperanzas, de alegría, de confianza y siempre estoy silbando la misma canción, la canción del valor. Soy quien da de comer a mucha gente, soy quien rompe el silencio de la mañana cuando prendo el fogón y aparece de la nada la llama ardiente que se lleva los últimos suspiros de la noche. Soy quien lleva en los bolsillos una sonrisa, un consejo, un camino.
Para mí- continuó diciéndome- siempre es primavera, siempre es luna llena, siempre es el mes de mayo, siempre es lunes y nunca es domingo. De pronto su rostro se le ensombreció: a veces me pregunto por qué los del pueblo nos maltratan de palabras y de gestos, si nosotros le brindamos todo lo contrario. Somos amigos, somos hermanos, somos seres que heredamos lo bueno y lo bello de nuestros padres. La tierra es nuestra razón de existir. Tener un patio empedrado de aves de corral, un jardín lleno de flores sin marchitar y ese inolvidable olor de las flores de azahar es lo que nos acompaña en cada salida de sol.
Las veces que me he caído es para levantarme con más ímpetu ese mismo que tiene la naturaleza y que nos regala de a poquito si llegamos a conocer sus entrañas. En ocasiones habla, ya no ríe como antes, más bien llora. Soy el que en el camino brinda agua al sediento y hasta el burro al que está cansado. Le muestro el camino al perdido y le devuelvo lo suyo al vecino.
¿Quieres saber quién soy? -Me preguntó- Soy Rey. Soy el rey de un pedazo de suelo sembrado en Colombia y tengo mi Reina coronada además de mi cosecha lista para ofrecer porque siempre vivo trabajando. Voy a gritar que soy el Rey de mi parcela porque es el único sitio que siento mío y lo llevo hasta en las uñas. Visto de pantalón sencillo, camisa mangas largas y abarcas y llevo en la mano el machete que me acompaña a limpiar la maleza de nuestras almas. Hoy me he quitado el sombrero y no me siento cómo sin él. Es nuestra identidad. Soy campesino luchador y laborioso como la herencia de tus padres. Somos ricos en transparencia y humildad, en amistad y sinceridad. Soy Rey de mil castillos sin hacer, pero soy Rey, el dueño de cada amanecer…”
Tiene toda la razón: es el monarca de un reino sin vasallos.
Hoy es un nuevo día, una nueva esperanza…Buenos días, don Miguel
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
Parece mentira que ignoraba todo de él que tuve que preguntarle quién era. Me imagino que él fue el primero en extrañarse si nos tropezamos por ahí a cada rato.
Me respondió con frases cargadas de adivinanzas, poesía, de metáforas, de paradojas e hipérboles todas hermosas. Hoy siento que lo quiero, lo admiro y lo respeto más:
“Si alguien como tú va donde estoy le brindo cariño, de mi mejor comida y agua del mejor manantial. De la orilla del camino a mi morada hay un sendero sembrado de esperanzas, de alegría, de confianza y siempre estoy silbando la misma canción, la canción del valor. Soy quien da de comer a mucha gente, soy quien rompe el silencio de la mañana cuando prendo el fogón y aparece de la nada la llama ardiente que se lleva los últimos suspiros de la noche. Soy quien lleva en los bolsillos una sonrisa, un consejo, un camino.
Para mí- continuó diciéndome- siempre es primavera, siempre es luna llena, siempre es el mes de mayo, siempre es lunes y nunca es domingo. De pronto su rostro se le ensombreció: a veces me pregunto por qué los del pueblo nos maltratan de palabras y de gestos, si nosotros le brindamos todo lo contrario. Somos amigos, somos hermanos, somos seres que heredamos lo bueno y lo bello de nuestros padres. La tierra es nuestra razón de existir. Tener un patio empedrado de aves de corral, un jardín lleno de flores sin marchitar y ese inolvidable olor de las flores de azahar es lo que nos acompaña en cada salida de sol.
Las veces que me he caído es para levantarme con más ímpetu ese mismo que tiene la naturaleza y que nos regala de a poquito si llegamos a conocer sus entrañas. En ocasiones habla, ya no ríe como antes, más bien llora. Soy el que en el camino brinda agua al sediento y hasta el burro al que está cansado. Le muestro el camino al perdido y le devuelvo lo suyo al vecino.
¿Quieres saber quién soy? -Me preguntó- Soy Rey. Soy el rey de un pedazo de suelo sembrado en Colombia y tengo mi Reina coronada además de mi cosecha lista para ofrecer porque siempre vivo trabajando. Voy a gritar que soy el Rey de mi parcela porque es el único sitio que siento mío y lo llevo hasta en las uñas. Visto de pantalón sencillo, camisa mangas largas y abarcas y llevo en la mano el machete que me acompaña a limpiar la maleza de nuestras almas. Hoy me he quitado el sombrero y no me siento cómo sin él. Es nuestra identidad. Soy campesino luchador y laborioso como la herencia de tus padres. Somos ricos en transparencia y humildad, en amistad y sinceridad. Soy Rey de mil castillos sin hacer, pero soy Rey, el dueño de cada amanecer…”
Tiene toda la razón: es el monarca de un reino sin vasallos.
Hoy es un nuevo día, una nueva esperanza…Buenos días, don Miguel
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
miércoles, 12 de mayo de 2010
LA SEÑO GLORIA
La vez primera que tuvimos conciencia de que nuestra madre era maestra fue una noche perdida de comienzos de un año cuando se reunían en casa de nuestra abuela Rebeca estudiantes del grado quinto a ensayar cumbias, porros y fandangos. Había hombres y mujeres de la talla de Eudaldo Pérez, Teobaldo Oliveros, Belinda Álvarez, Saida Álvarez, Hermes Polanco…en fin. Nosotros éramos niños y sentados en una mecedora asistíamos a semejante derroche de energía y talento.
La seño Gloria, siempre se ha interesado por la parte cultural de sus alumnos sin importar sexo ni raza. Siempre los obliga a realizar algún acto y los acostumbra tanto que cuando no lo hace ellos le reclaman. De esta Normalista de Sahagún han aprendido muchas generaciones de sanfernanderos cuyos padres le han apostado a que fuera ella quien educara a sus hijos. No es más recordar la vez que la niña Osiris Yacub Bemúdez se negaba a ir a la escuela 007 porque la seño Gloria no sería su seño ese año.
Los carnavales eran animados durante muchos años por esta mujer de vitalidad impresionante y de sueños continuos. Famosa en toda esta región por sus aportes al rescate de nuestros valores. Hoy, numerosos profesionales todavía se acuerdan de que fue ella quien le mostró con su paciencia y su don el derrotero a seguir.
Esta profesora que de niña y por ser la última hija del matrimonio de Víctor Delgado y Rebeca Navarro gozó de ciertos privilegios, tenía claro que lo suyo era estudiar desde el día soleado de un diciembre cualquiera cuando su padre le preguntó que si quería hacerlo. Ella no sólo le dijo que sí si no que exigió que fuera en la Normal para Señoritas de Mompós y luego Cereté y Sahagún.
No le importó trabajar gratis al comienzo de su carrera cuando el profesor Caamaño le pidió su ayuda para educar a muchos niños sin esperanza de pago.
Creemos que fue la época que más aprendió y se gozó su trabajo. Para nadie es un secreto tantos padecimientos que sufrieron los profesores de esa época incluyendo a los respetables que hoy al igual que ella, les extiendo este meresidísimo homenaje. Fueron tiempos difíciles. Pero en medio de tantos padecimientos creemos que trabajaban mejor y demostraban su amor a su profesión como lo hicieron hasta el último día de su trabajo.
Qué bueno sería que el espíritu de enseñanza, alegre, religioso, dicharachero, cultural y deportivo de la seño Gloria se quedara en el colegio por siempre y para siempre; qué bueno sería que la seriedad, verticalidad y capacidad de enseñanza de la seño Osiris fueran emuladas por los profesores jóvenes; qué bueno sería que la fe espiritual, respeto y don de gente de la seño Beatriz no se fueran nunca de los salones; como no se debe ir el amor y la entrega sin sosiego de la Seño Enilda por su gran obra como lo es su colegio de toda la vida. Qué bueno sería que la frescura y el ánimo optimista de la seño Bertilda se quede impreso no sólo en los que tuvieron el honor de ser sus alumnos, sino en los profesores que se quedan y lo pongan en práctica; qué bueno sería que el trabajo laborioso serio y cumplido del profesor Armesto siga haciéndose así el no esté de cuerpo, porque siempre estará de corazón.
Nuestra madre también se ha destacado por su capacidad para escribir coplas, cuentos, canciones…Traté de explicarlo cuando en la ciudad de Medellín hace poco, una periodista me preguntó que quién me había enseñado a escribir y contesté: “sería de tanto ver a la Seño Gloria hacer coplas y cantos para sus alumnos”. Cuando la periodista me preguntó quién era la seño Gloria, le respondí: “Es Mi Madre”.
La capacidad para crear coplas y componer de ella, quizás le nació de su inclinación de mamarle gallo a la vida, de no tomársela demasiado en serio. Nuestro tío y hermano gemelo de ella, el difunto Jesús Delgado, nos contó una historia donde ellos fueron protagonistas cuando eran niños: “De pronto el papá Víctor los llamó bien de mañanita a los mellos, como les decían, ellos tendrían 5 ó 6 años pero ya eran traviesos, y les dijo que se sentaran en el taburete y a ambos les puso entre las piernas una totuma inmensa llena de carimañolas de yuca, y la orden fue perentoria de parte de su padre: ¡se las comen toda, hasta que se caguen!” Todo esto porque la señora Teodosia le debía una plata a nuestro abuelo Víctor y se la pagaba llevándole carimañolas en esa totuma inmensa que nadie comía. Nuestra madre y nuestro tío, las cogían, medio las pellizcaban y las botaban hasta que nuestro abuelo se dio cuenta y los castigo de esa manera.
Todo en la vida no ha sido color de rosa para la seño Gloria. También se le ha puesto el barro duro, como dice Juancho Ruíz Meza, a ella también se le ha visto llorar cuando se va para siempre alguno de los suyos. Pero todo eso se lo cura la hamaca y el café tinto de las 4 de la mañana acompañados de cantos religiosos que todavía interpreta a todo pulmón como en sus mejores tiempos.
Ha sido reconocida como la maestra que lleva vida y alegría donde quiera va a representar no solo al colegio donde trabajaba sino al pueblo donde tuvo la dicha de nacer un 6 de julio. Pero no nació sola. La acompañó por 50 años su hermano gemelo, el famoso Mello Delgado. Ha sido felicitada por entidades como Cafam cuando trabajó allí, por la alcaldía y gremios departamentales y municipales y no son pocos quienes le reconocen el haber llevado el nombre de su institución y de su pueblo, lejos.
Seño Gloria, que bueno que la tengamos de tiempo completo en la casa. Qué bueno que hoy esté recibiendo este merecidísimo homenaje, que bueno que se haya vuelto a reunir con sus colegas y paisanos. Pero eso no implica que deje de ser un referente en la educación de este pueblo. Todavía tiene mucho que enseñar, mucho que aportar.
Seño Gloria, nos sentimos orgullosos de tenerla como nuestra madre y como nuestro padre también, y queremos recordarle lo que nuestra hermana Isyoli dijo de usted: “Yoya tiene el corazón tan grande como Batatal…”
Nos regocijamos que este homenaje lo reciba usted cuando puede todavía deleitarse y saboreárselo y almorzárselo, cuando debe ser, porque los homenajes se hacen en vida y usted se lo merece al igual que se lo merecen todos los homenajeados del día de hoy.
Seño Gloria: sus hijos Manuel Joaquín, Isyoli, Isby y Fabio Fernando, le queremos reiterar nuestro amor, nuestro respeto, admiración y agradecimiento porque también a nosotros nos ha educado inculcándonos que seamos personas de bien.
No nos queda más que darle gracias a Dios por nuestra madre y profesora y por todas las profes de primaria de San Fernando, Magdalena
Agradecido,
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
La seño Gloria, siempre se ha interesado por la parte cultural de sus alumnos sin importar sexo ni raza. Siempre los obliga a realizar algún acto y los acostumbra tanto que cuando no lo hace ellos le reclaman. De esta Normalista de Sahagún han aprendido muchas generaciones de sanfernanderos cuyos padres le han apostado a que fuera ella quien educara a sus hijos. No es más recordar la vez que la niña Osiris Yacub Bemúdez se negaba a ir a la escuela 007 porque la seño Gloria no sería su seño ese año.
Los carnavales eran animados durante muchos años por esta mujer de vitalidad impresionante y de sueños continuos. Famosa en toda esta región por sus aportes al rescate de nuestros valores. Hoy, numerosos profesionales todavía se acuerdan de que fue ella quien le mostró con su paciencia y su don el derrotero a seguir.
Esta profesora que de niña y por ser la última hija del matrimonio de Víctor Delgado y Rebeca Navarro gozó de ciertos privilegios, tenía claro que lo suyo era estudiar desde el día soleado de un diciembre cualquiera cuando su padre le preguntó que si quería hacerlo. Ella no sólo le dijo que sí si no que exigió que fuera en la Normal para Señoritas de Mompós y luego Cereté y Sahagún.
No le importó trabajar gratis al comienzo de su carrera cuando el profesor Caamaño le pidió su ayuda para educar a muchos niños sin esperanza de pago.
Creemos que fue la época que más aprendió y se gozó su trabajo. Para nadie es un secreto tantos padecimientos que sufrieron los profesores de esa época incluyendo a los respetables que hoy al igual que ella, les extiendo este meresidísimo homenaje. Fueron tiempos difíciles. Pero en medio de tantos padecimientos creemos que trabajaban mejor y demostraban su amor a su profesión como lo hicieron hasta el último día de su trabajo.
Qué bueno sería que el espíritu de enseñanza, alegre, religioso, dicharachero, cultural y deportivo de la seño Gloria se quedara en el colegio por siempre y para siempre; qué bueno sería que la seriedad, verticalidad y capacidad de enseñanza de la seño Osiris fueran emuladas por los profesores jóvenes; qué bueno sería que la fe espiritual, respeto y don de gente de la seño Beatriz no se fueran nunca de los salones; como no se debe ir el amor y la entrega sin sosiego de la Seño Enilda por su gran obra como lo es su colegio de toda la vida. Qué bueno sería que la frescura y el ánimo optimista de la seño Bertilda se quede impreso no sólo en los que tuvieron el honor de ser sus alumnos, sino en los profesores que se quedan y lo pongan en práctica; qué bueno sería que el trabajo laborioso serio y cumplido del profesor Armesto siga haciéndose así el no esté de cuerpo, porque siempre estará de corazón.
Nuestra madre también se ha destacado por su capacidad para escribir coplas, cuentos, canciones…Traté de explicarlo cuando en la ciudad de Medellín hace poco, una periodista me preguntó que quién me había enseñado a escribir y contesté: “sería de tanto ver a la Seño Gloria hacer coplas y cantos para sus alumnos”. Cuando la periodista me preguntó quién era la seño Gloria, le respondí: “Es Mi Madre”.
La capacidad para crear coplas y componer de ella, quizás le nació de su inclinación de mamarle gallo a la vida, de no tomársela demasiado en serio. Nuestro tío y hermano gemelo de ella, el difunto Jesús Delgado, nos contó una historia donde ellos fueron protagonistas cuando eran niños: “De pronto el papá Víctor los llamó bien de mañanita a los mellos, como les decían, ellos tendrían 5 ó 6 años pero ya eran traviesos, y les dijo que se sentaran en el taburete y a ambos les puso entre las piernas una totuma inmensa llena de carimañolas de yuca, y la orden fue perentoria de parte de su padre: ¡se las comen toda, hasta que se caguen!” Todo esto porque la señora Teodosia le debía una plata a nuestro abuelo Víctor y se la pagaba llevándole carimañolas en esa totuma inmensa que nadie comía. Nuestra madre y nuestro tío, las cogían, medio las pellizcaban y las botaban hasta que nuestro abuelo se dio cuenta y los castigo de esa manera.
Todo en la vida no ha sido color de rosa para la seño Gloria. También se le ha puesto el barro duro, como dice Juancho Ruíz Meza, a ella también se le ha visto llorar cuando se va para siempre alguno de los suyos. Pero todo eso se lo cura la hamaca y el café tinto de las 4 de la mañana acompañados de cantos religiosos que todavía interpreta a todo pulmón como en sus mejores tiempos.
Ha sido reconocida como la maestra que lleva vida y alegría donde quiera va a representar no solo al colegio donde trabajaba sino al pueblo donde tuvo la dicha de nacer un 6 de julio. Pero no nació sola. La acompañó por 50 años su hermano gemelo, el famoso Mello Delgado. Ha sido felicitada por entidades como Cafam cuando trabajó allí, por la alcaldía y gremios departamentales y municipales y no son pocos quienes le reconocen el haber llevado el nombre de su institución y de su pueblo, lejos.
Seño Gloria, que bueno que la tengamos de tiempo completo en la casa. Qué bueno que hoy esté recibiendo este merecidísimo homenaje, que bueno que se haya vuelto a reunir con sus colegas y paisanos. Pero eso no implica que deje de ser un referente en la educación de este pueblo. Todavía tiene mucho que enseñar, mucho que aportar.
Seño Gloria, nos sentimos orgullosos de tenerla como nuestra madre y como nuestro padre también, y queremos recordarle lo que nuestra hermana Isyoli dijo de usted: “Yoya tiene el corazón tan grande como Batatal…”
Nos regocijamos que este homenaje lo reciba usted cuando puede todavía deleitarse y saboreárselo y almorzárselo, cuando debe ser, porque los homenajes se hacen en vida y usted se lo merece al igual que se lo merecen todos los homenajeados del día de hoy.
Seño Gloria: sus hijos Manuel Joaquín, Isyoli, Isby y Fabio Fernando, le queremos reiterar nuestro amor, nuestro respeto, admiración y agradecimiento porque también a nosotros nos ha educado inculcándonos que seamos personas de bien.
No nos queda más que darle gracias a Dios por nuestra madre y profesora y por todas las profes de primaria de San Fernando, Magdalena
Agradecido,
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
miércoles, 5 de mayo de 2010
RAFAEL ESCALONA: UN HOMBRE GRANDE. CRÓNICA PUBLICADA EN LA REVISTA OFICIAL DEL FESTIVAL VALLENATO DEL 2010
¡Pero no fue por otro hombre! Esa respuesta tajante la dio Rafael Escalona cuando entraba al patio de la casa de su comadre Consuelo donde se reunían para cada Festival Vallenato en sus albores, diferentes personalidades que aman este folclor.
Escalona había alcanzado a escuchar lo que al periodista Juan Gossaín le comentaba su también comadre Consuelo: “Está alicaído, compa. La novia, su última conquista, lo dejó…” Entonces ¿Cómo fue la vaina, Rafa?, Preguntó Gossaín. A lo que Escalona replicó terminándose de sentar en el taburete:” Sí me dejó pero porque se metió a evangélica ¡y eso es muy diferente!”
Para los dos amigos de Escalona estaba claro que no iba a reconocer que le habían pisoteado su ego. Pero este personaje del que García Márquez había dicho en una ocasión que “era el hombre más enamoradizo y hazañoso que hubiera conocido” no aceptaba una derrota, sólo de un poder celestial.
Un rebelde. Ese era Escalona. Comenzó a tamborilear con los dedos letras y melodías en la mesa antes de que le sirvieran la comida y las guardaba para siempre en su memoria para ofuscación de sus padres y deleite de sus amigos. Protestó contra el hambre del liceo Celedón con la única arma que disponía: Una canción. La verdad él no quería estudiar. Él quería tener un medio para ganarse la vida, parrandear con trago fino, enamorarse para que la musa no se le fuera con otro y tener más de un millón de amigos. Todo eso lo consiguió.
La mayoría de sus canciones las ensayaba cantándolas guiándose por la melodía que llevaba dándole golpes a la cabeza de la silla de montar con una vara de totumo cuando paseaba por su hacienda “Chapinero”. Lo único que lo sacaba de ese ensimismamiento era que algún campesino de la zona se le acercara para pedirle el favor de que le vendiera un centavo de hora. Él se la regalaba: son las 10 y 10 de la mañana le decía medio deteniendo la mula que le gustaba montar. Como campesino que al fin y al cabo era, no creía mucho en lo que le decía el reloj brillante que adornaba su muñeca izquierda y regalado por algún amigo contrabandista. Antes de regalar la hora y rechazar el centavo, Escalona primero miraba el sol y luego comparaba ese dato con el reloj circular inmenso y nunca se equivocaba. Era la hora exacta. De eso también se ufanaba.
Siempre tenía que pasarle cosas diariamente para poder alimentar su memoria y sobrevivir. En su larga vida siempre pasaba algo, algún detalle, y lo aseguraba en el acto para poder llegar el fin de semana siguiente donde sus amigos no sólo acompañado de una botella de whisky sino de versos sueltos al que el acordeonero de turno le tocaba acomodar. Escalona era de esas personas que siempre quería ser el centro de atención. Quizás por eso inventaba cualquier locura para salir de la cotidianidad de la parranda y algunas veces llegaba callado y cuando le reclamaban contestaba: He resuelto no hacer más cantos. Sus amigos de parranda protestaban: ¿y eso por qué, Rafa?. Porque Sabitas me demandó, respondía. Pero ese detalle era el comienzo de otra canción que ya traía compuesta para la parranda siguiente. Escalona tenía la particularidad de parrandear de día. Comenzaba a las 8 de la mañana y ya a las 5 de la tarde se estaba recogiendo. Cuando se le preguntaba el por qué de su horario de gallina respondía: “Jamás nadie dirá que vio a Escalona borracho de noche”
Sus amigos de infancia y de muchacho ocuparon siempre un lugar especial en su corazón porque nunca lo vieron como la celebridad con que otros lo miraban sino como “el compañero que echa vainas” y el que en vacaciones de colegio estaba a la caza de algún suceso en el pueblo para volverlo canto. “Yo no salgo con ese reloj de pared debajo del brazo para la calle a mandarlo a componer”, dijo el Coronel, de García Márquez. “Si por ahí está Escalona y me ve con semejante escaparate me hace un canto…”
Algunos dicen que cuando se fue para Bogotá se le acabó la inspiración. Él se defendía diciendo que no componía cuando la gente quería sino cuando él lo disponía. “Ajá, compadre, le reclamó Consuelo ¿cuando le va a hacer la canción que le prometió de regalo a mi compadre Gabo por el Nobel?”. Él no le respondió. Pero casi un año después los Hermanos Zuleta lanzaron ese bombazo en forma de merengue vallenato llamado Vallenato Nobel, pero antes le había pedido a su ahijado Poncho que le regalara una copia antes de salir al mercado el disco y se la mandó a su comadre Consuelo para que dejara de fregarle la paciencia.
Escalona decía que la primera impresión era la que valía. Por eso siempre andaba impecablemente vestido, hasta dormido. Y solamente él era capaz de tener tantos trapos envueltos encima además de una corbata elegante en el sol inmisericorde de Patillal como le dijera Juana Arias, para sacarse con él sus rencores almacenados en la bilis porque por su culpa el doctor Molina no le había querido servir de abogado para el caso de Luis Manuel.
Todo el mundo sabía que las mujeres eran la debilidad de Escalona y era capaz de todo con tal de conquistarlas, pero por sus constantes devaneos ese romance duraba la mayoría de las veces los que demora una canción vallenata: cinco minutos. Además, Escalona era consciente de que al igual que el médico sanfernandero Edgar Ruiz Aguilera, no había nacido para ser como los fósforos suecos que sólo prenden en su propia caja.
Cuando sintió que en el mes de mayo alguien había cogido sin su permiso su maleta llena de pinturas, gabardinas, recuerdos, canciones y sombreros, y que al igual que a él lo había embarcado sin su consentimiento en un vagón cuyo tren no dejaba de pasar desde la orilla del río de aguas diáfanas donde él cuando niño le bañaba el caballo al maestro Tobías Enrique Pumarejo hasta la ciudad sitiada por cerros donde ni en Semana Santa dejaba de llover, sintió la imperiosa necesidad de reconciliarse con el también compositor Armando Zabaleta. No tuvo tiempo.
En el año de 1994 para el Festival del Porro de San Pelayo, Córdoba, Escalona fue invitado como jurado y en plena inauguración de tan magno evento un despistado miembro de la junta directiva que estaba a su lado lo miró despectivamente y le preguntó a quemarropa: ¿ Y quién carajos es Escalona?.
El cronista que decía que lo que extrañaba en Bogotá de su Patillal del alma después del almuerzo era un pedazo de panela para la sobremesa, le dijo mirándolo a los ojos sin tiempo de pensarlo e hiriendo de muerte por siempre y para siempre al osado personaje con el puñal afilado de su respuesta: Un hombre grande.
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
Escalona había alcanzado a escuchar lo que al periodista Juan Gossaín le comentaba su también comadre Consuelo: “Está alicaído, compa. La novia, su última conquista, lo dejó…” Entonces ¿Cómo fue la vaina, Rafa?, Preguntó Gossaín. A lo que Escalona replicó terminándose de sentar en el taburete:” Sí me dejó pero porque se metió a evangélica ¡y eso es muy diferente!”
Para los dos amigos de Escalona estaba claro que no iba a reconocer que le habían pisoteado su ego. Pero este personaje del que García Márquez había dicho en una ocasión que “era el hombre más enamoradizo y hazañoso que hubiera conocido” no aceptaba una derrota, sólo de un poder celestial.
Un rebelde. Ese era Escalona. Comenzó a tamborilear con los dedos letras y melodías en la mesa antes de que le sirvieran la comida y las guardaba para siempre en su memoria para ofuscación de sus padres y deleite de sus amigos. Protestó contra el hambre del liceo Celedón con la única arma que disponía: Una canción. La verdad él no quería estudiar. Él quería tener un medio para ganarse la vida, parrandear con trago fino, enamorarse para que la musa no se le fuera con otro y tener más de un millón de amigos. Todo eso lo consiguió.
La mayoría de sus canciones las ensayaba cantándolas guiándose por la melodía que llevaba dándole golpes a la cabeza de la silla de montar con una vara de totumo cuando paseaba por su hacienda “Chapinero”. Lo único que lo sacaba de ese ensimismamiento era que algún campesino de la zona se le acercara para pedirle el favor de que le vendiera un centavo de hora. Él se la regalaba: son las 10 y 10 de la mañana le decía medio deteniendo la mula que le gustaba montar. Como campesino que al fin y al cabo era, no creía mucho en lo que le decía el reloj brillante que adornaba su muñeca izquierda y regalado por algún amigo contrabandista. Antes de regalar la hora y rechazar el centavo, Escalona primero miraba el sol y luego comparaba ese dato con el reloj circular inmenso y nunca se equivocaba. Era la hora exacta. De eso también se ufanaba.
Siempre tenía que pasarle cosas diariamente para poder alimentar su memoria y sobrevivir. En su larga vida siempre pasaba algo, algún detalle, y lo aseguraba en el acto para poder llegar el fin de semana siguiente donde sus amigos no sólo acompañado de una botella de whisky sino de versos sueltos al que el acordeonero de turno le tocaba acomodar. Escalona era de esas personas que siempre quería ser el centro de atención. Quizás por eso inventaba cualquier locura para salir de la cotidianidad de la parranda y algunas veces llegaba callado y cuando le reclamaban contestaba: He resuelto no hacer más cantos. Sus amigos de parranda protestaban: ¿y eso por qué, Rafa?. Porque Sabitas me demandó, respondía. Pero ese detalle era el comienzo de otra canción que ya traía compuesta para la parranda siguiente. Escalona tenía la particularidad de parrandear de día. Comenzaba a las 8 de la mañana y ya a las 5 de la tarde se estaba recogiendo. Cuando se le preguntaba el por qué de su horario de gallina respondía: “Jamás nadie dirá que vio a Escalona borracho de noche”
Sus amigos de infancia y de muchacho ocuparon siempre un lugar especial en su corazón porque nunca lo vieron como la celebridad con que otros lo miraban sino como “el compañero que echa vainas” y el que en vacaciones de colegio estaba a la caza de algún suceso en el pueblo para volverlo canto. “Yo no salgo con ese reloj de pared debajo del brazo para la calle a mandarlo a componer”, dijo el Coronel, de García Márquez. “Si por ahí está Escalona y me ve con semejante escaparate me hace un canto…”
Algunos dicen que cuando se fue para Bogotá se le acabó la inspiración. Él se defendía diciendo que no componía cuando la gente quería sino cuando él lo disponía. “Ajá, compadre, le reclamó Consuelo ¿cuando le va a hacer la canción que le prometió de regalo a mi compadre Gabo por el Nobel?”. Él no le respondió. Pero casi un año después los Hermanos Zuleta lanzaron ese bombazo en forma de merengue vallenato llamado Vallenato Nobel, pero antes le había pedido a su ahijado Poncho que le regalara una copia antes de salir al mercado el disco y se la mandó a su comadre Consuelo para que dejara de fregarle la paciencia.
Escalona decía que la primera impresión era la que valía. Por eso siempre andaba impecablemente vestido, hasta dormido. Y solamente él era capaz de tener tantos trapos envueltos encima además de una corbata elegante en el sol inmisericorde de Patillal como le dijera Juana Arias, para sacarse con él sus rencores almacenados en la bilis porque por su culpa el doctor Molina no le había querido servir de abogado para el caso de Luis Manuel.
Todo el mundo sabía que las mujeres eran la debilidad de Escalona y era capaz de todo con tal de conquistarlas, pero por sus constantes devaneos ese romance duraba la mayoría de las veces los que demora una canción vallenata: cinco minutos. Además, Escalona era consciente de que al igual que el médico sanfernandero Edgar Ruiz Aguilera, no había nacido para ser como los fósforos suecos que sólo prenden en su propia caja.
Cuando sintió que en el mes de mayo alguien había cogido sin su permiso su maleta llena de pinturas, gabardinas, recuerdos, canciones y sombreros, y que al igual que a él lo había embarcado sin su consentimiento en un vagón cuyo tren no dejaba de pasar desde la orilla del río de aguas diáfanas donde él cuando niño le bañaba el caballo al maestro Tobías Enrique Pumarejo hasta la ciudad sitiada por cerros donde ni en Semana Santa dejaba de llover, sintió la imperiosa necesidad de reconciliarse con el también compositor Armando Zabaleta. No tuvo tiempo.
En el año de 1994 para el Festival del Porro de San Pelayo, Córdoba, Escalona fue invitado como jurado y en plena inauguración de tan magno evento un despistado miembro de la junta directiva que estaba a su lado lo miró despectivamente y le preguntó a quemarropa: ¿ Y quién carajos es Escalona?.
El cronista que decía que lo que extrañaba en Bogotá de su Patillal del alma después del almuerzo era un pedazo de panela para la sobremesa, le dijo mirándolo a los ojos sin tiempo de pensarlo e hiriendo de muerte por siempre y para siempre al osado personaje con el puñal afilado de su respuesta: Un hombre grande.
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdel@gmail.com
lunes, 3 de mayo de 2010
VENGA ESA MANO, ANTONIO MOISÉS...( EN ESPAÑOL)
A lo mejor ya han empezado las campañas a las que no les ha gustado ni cinco que Mockus les esté pisando los talones a escarbarle su vida para ver si encuentran algún detalle que puedan capitalizar como escándalo.
No tendría nada de raro. Al fin y al cabo la campaña que según las encuestas va encabezando la preferencia de los colombianos no se ha caracterizado precisamente por su verticalidad y transparencia y mucho menos por la verdad en sus actos y declaraciones.
Si ha habido utilización de organismos del estado para chismosear la vida de los opositores del actual gobierno, quizá estos organismos volverán a estar al servicio del mismo gobierno para enlodar al candidato académico y ensalzar al candidato de palacio inventándose sabe Dios qué bajezas.
Todos los actos de nuestras vidas están llenos de acciones. Unas que dejan satisfacción y otras que hay que revisar. A Mockus le critican su actitud frente a determinados problemas y la manera como los ha encarado. Lógicamente que él ya no tomará la actitud de ayer y la traerá a una solución de hoy o para protestar. Cada cosa en su contexto. Y eso es difícil de asimilar para aquellos que creen que todo debe solucionarse a peso de impunidad, culata y fusil si no, no sirve.
No todos los seguidores del candidato verde son académicos o letrados o instruidos. No. Lo siguen también los de abajo, los campesinos, los habitantes de la calle…la otra Colombia.
Mockus no es perfecto y él lo dice con sus metidas de patas. Tiene el defecto de decir la verdad y ser transparente y ese es su peor delito para una clase política que se pasea sobre esas, para ella, virtudes. Por eso es un bicho raro.
Obviamente que muchos políticos están aterrados de sólo pensar que pasarán 4 años sin robar, sin saquear, sin acudir a la hipocresía y a la politiquería y que el país por fin progrese. Están que se orinan los pantalones cuando sienten que de llegar Mockus a palacio no habrá más notarías, agro ingresos, embajadas, contratos, prebendas, puestos a personas sin capacidad para tenerlos, sólo porque es hijo del Honorable Congresista. Le dará una trompada a la corrupción.
Un Presidente no se las sabe todas. El actual pidió prestado más tiempo a ver si aprendía y tuvo que pedir más prórroga cuando no pudo asimilar tanta complejidad pero lo atajaron a tiempo para que la Casa de Nariño no se llenara de tataranietos. Pero Mockus es astuto e inteligente y a quien le basta una mirada al panorama del país para darse cuenta que hay muchos compatriotas que no desayunan si no a las 3 de la tarde un día de por medio y aplicará correctivos. No se extrañará nadie si toma su sueldo y lo dona a alguna entidad en vez de gastárselo todo en apuestas de golf en un club donde sólo asistan personas de estrato 9, y cuenten a quienes quieran oír que se gastaron en un minuto de mala suerte lo que los colombianos de a pie aspiramos a tener si trabajamos 100 años.
Colombia se merece un presidente que la ame y no uno que quiera serlo por el simple hecho de tener un cargo más referenciado en su hoja de vida y mostrarlo orgulloso a sus amigos extranjeros sin importar cómo lo hace o por qué lo hace. Colombia se merece un presidente que diga la verdad y que no lo atormenten sus decisiones equivocadas del pasado esas que no dejen dormir y le eche la culpa a otros.
200 años de independencia donde han gobernado desde militares hasta representantes de inmigrantes árabes pasando por poetas, y a todos les ha ido más mal que bien, es tiempo para hacer un paréntesis y recibir una bocanada de aire fresco.
Cuando un amigo y paisano costeño escuchó la andanada de críticas de un admirador del gobierno y de su candidato para Mockus, me preguntó que si ser frentero, leal, sincero y transparente era malo. Le dije que no. Su sabiduría ancestral me respondió en el acto: “Colombia está lleno de todo lo contrario a lo que él representa, el país es un árbol de follajes de burocracia, de robos, de atropellos. De corruptos, de impunidad, de pobreza. Ese señor es como una hormiga.”
Y finalizó pidiéndome un favor: “si usted ve a ese señor barbón dígale que él es como una hormiga. Y la hormiga pela es donde hay hojas, y más si es a esas clases de hojas de ese tipo de ramas, carajo”
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdelgmail.com
No tendría nada de raro. Al fin y al cabo la campaña que según las encuestas va encabezando la preferencia de los colombianos no se ha caracterizado precisamente por su verticalidad y transparencia y mucho menos por la verdad en sus actos y declaraciones.
Si ha habido utilización de organismos del estado para chismosear la vida de los opositores del actual gobierno, quizá estos organismos volverán a estar al servicio del mismo gobierno para enlodar al candidato académico y ensalzar al candidato de palacio inventándose sabe Dios qué bajezas.
Todos los actos de nuestras vidas están llenos de acciones. Unas que dejan satisfacción y otras que hay que revisar. A Mockus le critican su actitud frente a determinados problemas y la manera como los ha encarado. Lógicamente que él ya no tomará la actitud de ayer y la traerá a una solución de hoy o para protestar. Cada cosa en su contexto. Y eso es difícil de asimilar para aquellos que creen que todo debe solucionarse a peso de impunidad, culata y fusil si no, no sirve.
No todos los seguidores del candidato verde son académicos o letrados o instruidos. No. Lo siguen también los de abajo, los campesinos, los habitantes de la calle…la otra Colombia.
Mockus no es perfecto y él lo dice con sus metidas de patas. Tiene el defecto de decir la verdad y ser transparente y ese es su peor delito para una clase política que se pasea sobre esas, para ella, virtudes. Por eso es un bicho raro.
Obviamente que muchos políticos están aterrados de sólo pensar que pasarán 4 años sin robar, sin saquear, sin acudir a la hipocresía y a la politiquería y que el país por fin progrese. Están que se orinan los pantalones cuando sienten que de llegar Mockus a palacio no habrá más notarías, agro ingresos, embajadas, contratos, prebendas, puestos a personas sin capacidad para tenerlos, sólo porque es hijo del Honorable Congresista. Le dará una trompada a la corrupción.
Un Presidente no se las sabe todas. El actual pidió prestado más tiempo a ver si aprendía y tuvo que pedir más prórroga cuando no pudo asimilar tanta complejidad pero lo atajaron a tiempo para que la Casa de Nariño no se llenara de tataranietos. Pero Mockus es astuto e inteligente y a quien le basta una mirada al panorama del país para darse cuenta que hay muchos compatriotas que no desayunan si no a las 3 de la tarde un día de por medio y aplicará correctivos. No se extrañará nadie si toma su sueldo y lo dona a alguna entidad en vez de gastárselo todo en apuestas de golf en un club donde sólo asistan personas de estrato 9, y cuenten a quienes quieran oír que se gastaron en un minuto de mala suerte lo que los colombianos de a pie aspiramos a tener si trabajamos 100 años.
Colombia se merece un presidente que la ame y no uno que quiera serlo por el simple hecho de tener un cargo más referenciado en su hoja de vida y mostrarlo orgulloso a sus amigos extranjeros sin importar cómo lo hace o por qué lo hace. Colombia se merece un presidente que diga la verdad y que no lo atormenten sus decisiones equivocadas del pasado esas que no dejen dormir y le eche la culpa a otros.
200 años de independencia donde han gobernado desde militares hasta representantes de inmigrantes árabes pasando por poetas, y a todos les ha ido más mal que bien, es tiempo para hacer un paréntesis y recibir una bocanada de aire fresco.
Cuando un amigo y paisano costeño escuchó la andanada de críticas de un admirador del gobierno y de su candidato para Mockus, me preguntó que si ser frentero, leal, sincero y transparente era malo. Le dije que no. Su sabiduría ancestral me respondió en el acto: “Colombia está lleno de todo lo contrario a lo que él representa, el país es un árbol de follajes de burocracia, de robos, de atropellos. De corruptos, de impunidad, de pobreza. Ese señor es como una hormiga.”
Y finalizó pidiéndome un favor: “si usted ve a ese señor barbón dígale que él es como una hormiga. Y la hormiga pela es donde hay hojas, y más si es a esas clases de hojas de ese tipo de ramas, carajo”
FABIO FERNANDO MEZA
fafermezdelgmail.com
jueves, 29 de abril de 2010
CERRANDO PUERTAS…
…O cerrando capítulos, o cerrando círculos…Como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es “dejar ir” momentos de la vida que se van clausurando. ¿Te quedaste sin trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? ¿La amistad se acabó?. Puede pasarse mucho tiempo de su presente revolcándose en “los por qués”, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanos…todos y todas estamos abocados a ir cerrando esas puertas…esos capítulos…esos círculos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió…¡sucedió!. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos ni adolescentes tardíos, empleados de empresas inexistentes ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado con nosotros. No. Los hechos pasan y ¡hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces, es tan importante romper fotos…Quemar cartas…Destruir recuerdos……regalar presentes…cambiar de casa…Romper papeles…votar documentos…regalar ciertos libros…
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Hay que dejar ir, hay que soltar…desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere “que alguna vez se den cuenta quién es usted”. No. Suelte. El resentimiento, el prender su televisor personal para darle al asunto lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida es para adelante, nunca para atrás.
Porque si usted anda por la vida “dejando puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de regresar… ¿a qué?, necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase usted mismo que no. Que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque usted ya no encaja allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue hace dos días, tres semanas, un año…Por lo tanto no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni usted será el mismo ni el entorno al que regresará será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo…nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo llegó sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero…cierre, clausure, limpie, bote, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
(Paulo Coelho)
El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanos…todos y todas estamos abocados a ir cerrando esas puertas…esos capítulos…esos círculos. A pasar la hoja. A terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió…¡sucedió!. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos ni adolescentes tardíos, empleados de empresas inexistentes ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado con nosotros. No. Los hechos pasan y ¡hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces, es tan importante romper fotos…Quemar cartas…Destruir recuerdos……regalar presentes…cambiar de casa…Romper papeles…votar documentos…regalar ciertos libros…
Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Hay que dejar ir, hay que soltar…desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere “que alguna vez se den cuenta quién es usted”. No. Suelte. El resentimiento, el prender su televisor personal para darle al asunto lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida es para adelante, nunca para atrás.
Porque si usted anda por la vida “dejando puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de regresar… ¿a qué?, necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase usted mismo que no. Que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque usted ya no encaja allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue hace dos días, tres semanas, un año…Por lo tanto no hay nada a qué volver.
Cierra la puerta, pasa la hoja, cierra el círculo. Ni usted será el mismo ni el entorno al que regresará será igual porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo…nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo llegó sin ese adhesivo, por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero…cierre, clausure, limpie, bote, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
(Paulo Coelho)
JUAN RINCÓN VANEGAS: SE LO MERECE, MI HERMANO…
COLUMNA CARCAJ
Del niño aquél que nació en la calle del Amor en Chimichagua queda todo. Incluso los relatos de brujas y hechiceras de su abuela María Leona. A pesar de que ha pasado el tiempo, cuando los recuerda, un par de lágrimas asoman tímidas y se les logra ver debajo de sus gafas veteranas.
Al igual se le palpa su miedo incurable cuando recuerda esas narraciones extraordinarias y vuelve a sentir las ganas apremiantes de ir por el mechón de luz a la cocina de palma y prenderlo para que las brujas no se lo lleven volando por el aire muertas de risa como le contaba su abuela que hacían con los hombres de su pueblo.
Juan Rincón Vanegas es de esos seres del que uno se siente orgulloso de que él nos cuente entre sus amigos porque va por el mundo con los brazos abiertos repartiendo cariño y afecto y contagiándonos de optimismo y alegría.
Juancho no sabe cuándo diablos terminó siendo locutor de “la voz del Higuerón” allá en la tierra de Camilo Namén, y desde ese momento no ha abandonado el micrófono ni siquiera cuando pasó por los periódicos más importantes de la costa y del país.
Departir con Juancho es aprender de todo un poquito. A veces olvida por un instante que es el Jefe de Prensa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, y entre chiste y chiste, entre cuento y cuento, suelta una estruendosa y contagiosa carcajada que retumba en todos los rincones de Valledupar, luego se rasca la garganta y dice serio: bueno, a trabajar!!
¡Cuántas anécdotas de sus más de 10 años de ser el animador oficial del Festival de la Loma, tiene Juancho!. Desde los días lejanos de julio cuando la tarima era una chaza de tractor hasta cuando con veredicto en mano era escoltado por la multitud hasta el baño para que no se volviera a orinar el pantalón comprado para la ocasión, y para que no hubiera trampa en la decisión del jurado. Eso estaba de más porque este pariente lejano de García Márquez tiene dos corazones en vez de uno y es la decencia en persona.
La Loma le rindió un merecido homenaje el año pasado en el marco de su cada año más posicionado festival. Entre otros reconocimientos que no lo han hecho cambiar para mal, sino que casi no habla de ellos, están cinco Sirenas Vallenatas y un Quinto Puesto hace pocos días en el reconocimiento que hace anualmente la Universidad Autónoma del Caribe a los mejores escritos. Ese es Juancho.
Juan Rincón Vanegas no olvida de dónde viene y eso es importante en quienes desean dar a conocer la cultura, los mitos y leyenda del pueblo que los han visto nacer.
En muchas ocasiones Juancho siente el llamado apremiante y angustiante de su pueblo y es entonces cuando deja todo a medio hacer y sale corriendo para allá. Lo respira, lo vive, lo almuerza, lo siente, lo goza y se devuelve feliz para Valledupar.
No sin antes tocarse con las manos la cadera y comprobar con alivio que el taburete hecho de cuero de vaca se quedó allá en la última casa donde le ofrecieron tinto y no lo lleva pegado detrás.
Pero otra vez se vuelve a palpar pero no, bueno…por si acaso…y piensa que la leyenda es solo eso: pura y física leyenda.
Y sigue caminando dándole la cara al sol y como buenos amigos que son, el astro solo se ensaña contra él para mamarle gallo…con sus 50 grados a la sombra allá donde la historia está escrita con carbón, incluso la que contará algún día que por esas tierras llenas de barro (y de personajes únicos como su amigo que es un santo vivo que hace milagros) transitaba un muchacho con la tambora al hombro cantando canciones en las noches de mala luna para espantar sus propios miedos y recibir con una sonrisa la aurora de Dios.
FABIO FERNANDO MEZA
Del niño aquél que nació en la calle del Amor en Chimichagua queda todo. Incluso los relatos de brujas y hechiceras de su abuela María Leona. A pesar de que ha pasado el tiempo, cuando los recuerda, un par de lágrimas asoman tímidas y se les logra ver debajo de sus gafas veteranas.
Al igual se le palpa su miedo incurable cuando recuerda esas narraciones extraordinarias y vuelve a sentir las ganas apremiantes de ir por el mechón de luz a la cocina de palma y prenderlo para que las brujas no se lo lleven volando por el aire muertas de risa como le contaba su abuela que hacían con los hombres de su pueblo.
Juan Rincón Vanegas es de esos seres del que uno se siente orgulloso de que él nos cuente entre sus amigos porque va por el mundo con los brazos abiertos repartiendo cariño y afecto y contagiándonos de optimismo y alegría.
Juancho no sabe cuándo diablos terminó siendo locutor de “la voz del Higuerón” allá en la tierra de Camilo Namén, y desde ese momento no ha abandonado el micrófono ni siquiera cuando pasó por los periódicos más importantes de la costa y del país.
Departir con Juancho es aprender de todo un poquito. A veces olvida por un instante que es el Jefe de Prensa de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, y entre chiste y chiste, entre cuento y cuento, suelta una estruendosa y contagiosa carcajada que retumba en todos los rincones de Valledupar, luego se rasca la garganta y dice serio: bueno, a trabajar!!
¡Cuántas anécdotas de sus más de 10 años de ser el animador oficial del Festival de la Loma, tiene Juancho!. Desde los días lejanos de julio cuando la tarima era una chaza de tractor hasta cuando con veredicto en mano era escoltado por la multitud hasta el baño para que no se volviera a orinar el pantalón comprado para la ocasión, y para que no hubiera trampa en la decisión del jurado. Eso estaba de más porque este pariente lejano de García Márquez tiene dos corazones en vez de uno y es la decencia en persona.
La Loma le rindió un merecido homenaje el año pasado en el marco de su cada año más posicionado festival. Entre otros reconocimientos que no lo han hecho cambiar para mal, sino que casi no habla de ellos, están cinco Sirenas Vallenatas y un Quinto Puesto hace pocos días en el reconocimiento que hace anualmente la Universidad Autónoma del Caribe a los mejores escritos. Ese es Juancho.
Juan Rincón Vanegas no olvida de dónde viene y eso es importante en quienes desean dar a conocer la cultura, los mitos y leyenda del pueblo que los han visto nacer.
En muchas ocasiones Juancho siente el llamado apremiante y angustiante de su pueblo y es entonces cuando deja todo a medio hacer y sale corriendo para allá. Lo respira, lo vive, lo almuerza, lo siente, lo goza y se devuelve feliz para Valledupar.
No sin antes tocarse con las manos la cadera y comprobar con alivio que el taburete hecho de cuero de vaca se quedó allá en la última casa donde le ofrecieron tinto y no lo lleva pegado detrás.
Pero otra vez se vuelve a palpar pero no, bueno…por si acaso…y piensa que la leyenda es solo eso: pura y física leyenda.
Y sigue caminando dándole la cara al sol y como buenos amigos que son, el astro solo se ensaña contra él para mamarle gallo…con sus 50 grados a la sombra allá donde la historia está escrita con carbón, incluso la que contará algún día que por esas tierras llenas de barro (y de personajes únicos como su amigo que es un santo vivo que hace milagros) transitaba un muchacho con la tambora al hombro cantando canciones en las noches de mala luna para espantar sus propios miedos y recibir con una sonrisa la aurora de Dios.
FABIO FERNANDO MEZA
Suscribirse a:
Entradas (Atom)